El articulista, editor y traductor Ramón Cota Meza fungió como jefe de Redacción de La Gaceta del Fondo de Cultura Económica (FCE) entre el 2016 y el 2018. Redactaba, traducía y colaboraba con la publicación mensual. Trabajaba en casa y acudía únicamente a las reuniones de planeación, en promedio, dos veces al año. Trabajaba como empleado de base pero cobraba como prestador de servicios, era empleado externo.

“Como a los seis meses de haber ingresado me nombraron jefe de Redacción porque, en realidad, yo hacía La Gaceta. Me encargaba prácticamente de todo. Fui contratado por el departamento de proveedores, igual que un vendedor de tinta, por ejemplo. Entraba a la bodega a firmar papeles. Me contrataron por ese lado porque no había manera de que me contrataran por el lado editorial”, comparte en entrevista.

La última publicación de La Gaceta hasta ahora fue la de diciembre del 2018, en la que Cota colaboró mucho menos. En los primeros días de diciembre pasado, junto con el cambio de administración, cuando el ahora director del FCE, Francisco Ignacio Taibo Mahojo, fue nombrado gerente editorial y encargado del despacho, los servicios de Cota ya no fueron requeridos, sin notificación alguna.

La medida fue correspondiente con lo anunciado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, donde, desde diciembre, se ordenó que las dependencias y entidades de administración pública no podrán contratar a prestadores de servicios profesionales por honorarios con cargo a su presupuesto.

“Simplemente se aplicó el decreto. No me dijeron nada, ni siquiera me pude comunicar, no me tomaron la llamada. La empleada administrativa con la que me comunicaba, quien recibía mis llamadas, también fue recortada”, recuerda y agrega: “Intenté entrar en contacto con Taibo II a través de un amigo en común. Le mandé una pequeña carta donde le manifestaba mi idea de lo que lo que debía ser La Gaceta. Pero nunca me respondió, nada más le dijo a mi amigo que iba a ver, pero que estaba muy difícil”.

Esa edición doble (576 y 577), correspondiente a diciembre y enero pasados, fue la última publicada por el Fondo de manera física y digital.

En enero pasado, en conferencia de prensa, Taibo II anunció que La Gaceta sí tendría continuidad, pero únicamente de manera digital. Sin embargo, a la fecha no se ha dicho ninguna palabra sobre su relanzamiento, la nueva línea editorial o quién será responsable de su edición.

“En La Gaceta podías leer adelantos de libros, reseñas, conocer las novedades. Ha sido una publicación respetable y no había dejado de publicarse. Había variado su periodicidad y el formato, pero se publicó sin interrupción”, señala Cota Meza sobre la publicación fundada por Arnado Orfila Reynal en 1954, ganadora del Premio Nacional de Periodismo, en 1987, y del Premio Caniem al Arte Editorial para Publicaciones Periódicas en el 2011.

Dicha publicación fue editada por el periodista Roberto Garza Iturbide hasta el número 566, correspondiente al mes de febrero. A partir del siguiente número, la editora Rocío Martínez Velázquez asumió la responsabilidad.

A partir de eso, dice Cota Meza, “cambió el modo de trabajar y me relegaron bastante. Me mantuve, pero no me hicieron caso en las ideas que planteaba para mejorar el contenido. Mi idea era que no debía de ser una publicación exclusiva de novedades, por supuesto, sin abandonarlas. Proponía que las novedades que fueran presentadas se relacionaran con la tradición editorial del Fondo, que hubiera un diálogo entre lo nuevo y lo viejo, porque en realidad, lo viejo del Fondo es valioso; los libros de los años 40, por ejemplo, el ensayo a profundidad. Las colecciones del FCE en estos temas han sido muy apreciadas en el mundo, no sólo de habla hispana”.

Argumenta que las tradiciones literarias se deben discutir, tener una renovación crítica. Aboga por abrir un diálogo entre lo nuevo y lo clásico a través de una plataforma tan rica en historia como lo ha sido La Gaceta.

“Los grandes títulos filosóficos en el Fondo, que se publicaron en los años 40, son lecturas muy actuales, porque fueron la crítica de la modernidad que es muy necesaria ahora; es decir, muchas de las reflexiones que están en esos libros son producto de la experiencia que vivió el mundo en las guerras y la Gran Depresión. El mundo que vivimos ahora se parece mucho a ese, de modo que las reflexiones que hicieron esos grandes pensadores podría ayudar a comprender lo qué está pasando. En ese sentido, la tradición del Fondo es muy valiosa en este momento”, opina.

[email protected]