La hospitalidad árabe, que se ha desarrollado sobre todo en el Líbano, es conocida y apreciada desde tiempos inmemorables.

Gracias a su privilegiada situación geográfica, al extremo oriental del Mediterráneo, este país se convirtió en el eslabón de las caravanas terrestres que arribaban del oriente, y los buques y galeones que atracaban en sus muelles, provenientes del occidente.

Mohamad Jamil, nacido en la pequeña población de Barja, lleva en sus venas sangre fenicia, que lo impulsaron a dejar el hogar paterno aún siendo muy joven, para estudiar en la Universidad de Beirut la carrera de Hotel Management, que incluía entre otros temas, el manejo del comedor de un restaurante.

Este concepto, en mi opinión, es de gran importancia, equiparable al de la cocina, pues de nada sirve tener una buena cocina si el servicio no está a la misma altura.

Una de las máximas de Mohamad es que los comensales son los dueños del restaurante, pues ellos son los que hacen que un negocio culinario tenga o no éxito, por lo que atender al cliente debe de ser un placer y un gusto.

Después de terminar su carrera, desempeñó importantes cargos en hoteles en Beirut, Dubai y el Cairo, hasta que un amigo mexicano lo convenció a venir a nuestro país, en donde abrió en el año de 2006 su propio restaurante, El Jamil, ubicado en Ámsterdam 306, esquina con Celaya, Colonia Hipódromo Condesa, teléfono 5564-9486.

El banquete libanés que me ofreció Mohamad fue éste…

Sentado en la terraza para mitigar el calor, lo primero que pedí fue un arak (aguardiente con sabor anisado) con agua natural y hielo, que es el acompañante ideal para esta comida, además de una limonada con hielo frappé y hierbabuena.

A continuación, los mezzes (aperitivos, que son tantos y tan variados que pueden ser una comida completa), hummus bitahini (garbanzos molidos con crema de ajonjolí y aceite de oliva); baba ghanouj (berenjena molida con crema de ajonjolí y aceite de oliva); berenjena El Jamil asada y acompañada de jitomate, cebolla, aceite de oliva y jugo de limón; shanklish (queso de cabra con jitomate, cebolla, perejil, orégano y hoja de hierbabuena); labnih bil toum (jocoque con hierbabuena, aceite de oliva y ajo); warak arrish billzayt (hojas de parra vegetarianas rellenas de jitomate, perejil y cebolla); kibbeh nayye (carne de res molida muy fina, emulsionada, con trigo, especias y cebolla), acompañada con chile verde y cebolla finamente picada; koussa (calabaza rellena de arroz y carne de res molida, en salsa de jitomate).

Una nota interesante acerca del kibbeh nayye, uno de los platillos nacionales más populares.

Antes de la llegada de los utensilios eléctricos, este se hacía aporreando la carne de cordero en un mortero de piedra, llamado jorn, con la mano de madera dura, llamada madaqqa, hasta convertirla en una pasta suave; se dice que los domingos en la mañana, por todas las colinas libanesas se escuchaba en ruido de los golpes en los morteros, como el tañido de las campanas llamando a los fieles a la comida.

De ensaladas, para refrescar el paladar, tabbouleh (hierbabuena, perejil, trigo, jitomate, cebollitas cambray y jugo de limón); fatoush (pimiento verde, jitomate, pepino, cebolla, verdolagas y pan árabe tostado, aderezado con soumak mezcla de especias libanesas).

De plato fuerte, el que resultó mi favorito del banquete, una creación de Mohamad, kibbeh El Jamil al carbón (carne de res molida fina de forma redonda, con cebolla, trigo, hierbabuena y nuez de Castilla picada), servido con jocoque líquido preparado con pepino, hierbabuena y ajo, una deliciosa combinación de sabores típicos de la cocina libanesa.

Siempre presente en todo momento de la comida, el pan árabe o pita, elaborado con harina de trigo y levadura, recién hecho e inflado, ideal acompañante de las especialidades libanesas.

El postre, algo muy típico, osbah ill sitt, o dedo de novia, que consiste el pasta philo rellena de nuez y bañada en almíbar.

Para cerrar con broche de oro, un delicioso, fuerte y aromático café turco.

Buenos restaurantes de especialidades libanesas son pocos, pero este definitivamente es uno de ellos, con su sazón muy especial, y la atención personal de su dueño, Mohamad Jamil.

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