Miradas de terror, locura, esperanza, contemplación... En total, 33 miradas se capturan en los grabados de Jan Peter Tripp (Oberstdorf, Alemania, 1945) que ilustran la obra Sin contar.

Cada uno de éstos viene de la mano de una especie de haiku del escritor W. G. Sebald (Baviera, Alemania, 1944 – Norfolk, Reino Unido, 2001), entablando así un diálogo entre el grabado y la poesía, con lo cual se crea una unidad a la que el lector está invitado a sumar su interpretación de la obra. De hecho, sin este tercer elemento no se cumpliría uno de los objetivos principales de ésta: comunicar, contar, dialogar con el lector-espectador.

Me explico: ya sea que el espectador admire primero la imagen, busque una palabra que nombre la expresión de la mirada y luego recurra al texto para confirmar o ahondar su interpretación; ya sea que realice primero la lectura del haiku y le otorgue una palabra como respuesta al misterio que éste plantea, para que después vaya a buscarla a la mirada, el papel del espectador-lector-oyente es puesto a prueba, porque ambos procedimientos exigen que participemos en los misterios que W. G. Sebald y J. P. Tripp nos plantean en su obra. Para develarlos, debemos bajar todos los volúmenes y escucharnos, ser empáticos, reconocer en la obra los sentimientos o vivencias que hemos experimentado.

Pondré sólo un ejemplo: Las manchas / rojas / en el / planeta / Júpiter / son huracanes / con tres / cientos / años . Si tuviera que describir este pequeño poema con una palabra, ésta sería la de inmensidad y, al mismo tiempo, la relatividad de ésta. Sorprendentemente, la imagen que ilustra el haiku a mí me refleja contemplación y paciencia ante el huracán. ¿Será? Cada cabeza es un mundo y ahí comienza el diálogo.

Ahora bien, ya que comprendimos lo necesario para leer este libro, debo hacer mención de otro de sus temas centrales: el olvido en el que caen las simples cosas, esas cosas simples que parecen gritarnos fuerte pero de manera breve, con el fin de darnos un mensaje que apenas si intuiremos o comprenderemos, pero que por su sencillez, sabiduría o inutilidad en el presente, vamos a desdeñar: Plinio dice / el elefante es / inteligente & justo / venera a las estrellas / & adora al Sol / & a la Luna . Sin duda, este sencillo pensamiento fue rescatado del río del olvido llamado cotidianidad. En mexicano se diría: Uno se despide, insensiblemente, de pequeñas cosas, lo mismo que un árbol, en tiempos de otoño, se queda sin hojas .

Sin contar es una obra que busca salvar del silencio las intuiciones que no serán pronunciadas: nunca más dichas, nunca más contadas. No importa si éstas son una puerta al terror: El papel de escribir / huele / como la viruta / en el ataúd . O al sueño: Te cubrirá / con sus / plumas / & / entonces tú / descansarás / entre sus alas .

W. G. Sebald nos recuerda una vez más uno de los principales problemas del hombre moderno: el exceso de información al que nos enfrentamos, en una época en la que aparentemente toda comunicación es posible, pero que en muchas ocasiones sólo nos abruma y ensordece, marginando lo simple y enalteciendo cada vez más las grandes ciudades que en su inmensidad traen su caída. Con pocas palabras, casi rayando en el silencio total, estos dos artistas nos pedirán por unos momentos atención absoluta para que platiquemos con ellos.

Hay algo más: la mayoría de las miradas le pertenecen a varias de las más lúcidas de la humanidad. La de Borges los sorprenderá. La de Napoleón les podría dar escalofríos. La de Beckett no pudo haber sido otra.