Acabo de cumplir 50 años, medio siglo de vida, edad que apenas ayer me resultaba inimaginable. Y no, no me siento joven. Tampoco viejo. Y aunque desde la adolescencia padezco por temporadas algunas enfermedades cefalea en racimos y depresión atípica , y me han operado de las anginas y de una hernia hiatal, y me he roto cualquier cantidad de huesos de las manos, y los ligamentos, meniscos y rotula de una rodilla, soy una persona afortunada. Vea usted si no. Me gusta:

1. Las mujeres hermosas.

Era tal su belleza, inteligencia, virtud, lealtad, franquía y tantos hombres se mataron por ella que, su madre, desdichada, no tuvo más remedio que venderla al circo de monstruosidades.

2. El sol por la mañana.

Sol. Playa. Mar. Lamento de hombre. Sonrisa de Tiburón. Sol. Playa, Mar...

3. El buen café.

Siempre pensé que lo suyo era simple y llana cleptomanía. Le gustaba robarse el cenicero, el platito de la taza de café, tal o cual libro, la pipa de su mejor amigo. Sin embargo, la otra vez entendí que lo suyo era algo más grande: poco a poco se apoderaba del mundo.

4. La filosofía.

Era el más viejo y sabio de los jíbaros, tanto que, en su último trabajo, logró reducir una cabeza humana a puro pensamiento.

5. La literatura.

Se dice que la literatura es lo que se dice sin decir.

6. El tabaco.

Fumar es un acto de ilusionismo en el que el cigarrillo desaparece.

7. Las llamadas bebidas espirituosas.

Tras años de beber alcoholes de todos los mundos posibles, el viejo marinero pensó en el barco perfecto: aquel que cabe en una botella.

8. El buen comer.

Sus dos gatos miraban atentos a lo alto del librero. Alejandro descubrió entonces que un gorrión se había metido al departamento. Con cuidado, logró capturarlo y acarició las plumas. Luego le quebró el cuello para que sus mascotas comieran.

9. La tauromaquia.

Se torea con el cuerpo, se templa con el alma.

10. El futbol.

Frente al pelotón sientes la ruina. Toda una campaña de ideales y esfuerzo está a punto de acabarse. Sabes que la ignominia es cosa de un tiro, y que la muerte puede ser muy larga. Para qué negarlo: al oír la orden de fusilamiento te da miedo y entornas los párpados. Al abrirlos, un golpe te derriba. El tirador falla el penal y tu equipo gana el campeonato.

11. La imaginación.

Al cabo de siete días creó el mundo. Luego se le antojó una perversión mayor: hacernos creer que, al cabo de siete días, Dios creó el mundo...

Y estos 11 gustos los puedo multiplicar por otros 20 y agregarle los disgustos, que también son fuente de placeres que me mantienen en forma a mis 50, como ese microrrelato que dice:

Se reía de todo. Cuando fue pobre, de su pobreza; cuando fue rica, de su riqueza; cuando estuvo en el manicomio, de su propia locura. Tal vez por ello, cuando sus familiares la veían, lloraban de pena.